Gamificación

Cómo gamificar tu aula sin que se convierta en el patio del recreo

El poder de la gamificación en el aula es ilimitado, solo tienes que conocerlo.

Gamificar y tener el control de tu aula es muy sencillo, simplemente tienes que conocer qué es y cómo se pone en marcha. 

La gamificación es el uso de dinámicas y elementos de los juegos fuera de este ámbito, lo cual significa que no necesariamente tiene que haber juego para desarrollar una gamificación. 

A pesar de que el término se acuñó en 2002 por Nick Pelling, no fue hasta 2008 cuando dicha palabra apareció entre los angloparlantes. Pero antes de darle un nombre ya existía, aún que quizás no tan elaborado como ahora. Una muestra de ello con las bonificaciones que conseguían los comerciales de grandes empresas en Estados Unidos o los descuentos y promociones que recibían clientes de cadenas de supermercados por su fidelidad. Todo eso son elementos que también encontramos en cualquier juego y que seguro que a más de uno le recuerda a los puntos de clase por contestar bien o por tener buen comportamiento. 

¿Cómo escogemos el juego?

Para hablar de gamificación no nos podemos quedar en la superficie, debemos ahondar un poco más y llegamos a un componente que diferencia a un buen juego de un pasatiempo, eso es la narrativa, la historia que nos cuenta. Si es buena y nos sentimos a gusto con ella, la participación y la motivación serán mayores. Por ello, debemos envolver nuestro “sistema de puntos” en una buena historia en la que los alumnos tomen roles de importancia, sin los cuales no existiría, ya que es así, si no conseguimos captar su atención la gamificación habrá fracasado. Pero no te preocupes, es más sencillo de lo que parece. 

Lo primero que debemos hacer es plantear la finalidad de la gamificación, ya que en muchas ocasiones escuchamos grandes experiencias de gamificación que se desarrollan durante todo un curso y están todas las clases implicadas al más pudo estilo Hogwarts, pero no es ni mucho menos necesario tanto despliegue. Comencemos con algo sencillo, una excursión, un par de sesiones o una actividad concreta. Sabiendo el momento, la finalidad es la que nosotros planteemos, que aprendan un contenido, controlar el comportamiento o trabajar en equipo. 

Ahora que sabemos cuando y para qué, debemos pensar en la historia, la narrativa que les vamos a contar y que va a condicionar todo lo demás. Aquí debemos tener muy en cuenta cuales son los gustos de nuestros alumnos para que les atraiga el participar en la historia. 

Implementando el juego a las lecciones

Ya solo queda prepara la dinámica que vamos a seguir y las mecánicas correspondientes. Traducido a lenguaje mortal, las dinámicas son los retos, actividades, tareas… que van a tener que superar, a ser posible, que las mismas siempre vayan con el hilo de la historia principal que estamos contando. Y las mecánicas son los puntos o bonificaciones que van a conseguir al superar los retos propuestos, para ello podemos dar puntos, doblones, estrellas, anillos… lo que mejor se ajuste a la narrativa. 

Si queremos liarnos la manta a la cabeza y darlo todo, podemos ambientar la clase como si estuviéramos dentro de nuestra historia o si no es posible porque lo que hemos gamificado ha sido una excursión podemos utilizar ese gran recurso de los campamentos de ocio y tiempo libre, el disfraz.  

¿Qué beneficios obtenemos de gamificar nuestro aula?

Parece que con tanto juego y tanta historia el aprendizaje desaparece, pero ni mucho menos, con todo ello conseguimos que esté mucho más presente en nuestros alumnos ya que su predisposición a la participación va a ser mayor. Y no olvidemos que nosotros hemos decidido la finalidad que tiene nuestra gamificación, por lo que si lo conseguimos habremos logrado ese aprendizaje por encima de todo lo demás. 

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abril 15th, 2019

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2019-04-15T12:01:42+00:00

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