Evaluación educativa: Cuba y otras cuestiones

Hace unos meses tuve la oportunidad de realizar la evaluación final de un programa de mejora de la calidad en la educación primaria en Cuba. De eso quiero hablaros hoy. De eso y de algunos otros asuntos que tal vez aparezcan explícita o veladamente, casi sin querer, ahora que tengo cinco minutos para reflexionar sobre aquella experiencia.

Cómo es el sistema educativo cubano

Para los que no la conozcáis, os contaré que Cuba tiene un sistema educativo orgulloso, referente en América Latina y cuyas tasas de escolarización en educación inicial, primaria, secundaria y universitaria son inalcanzables para prácticamente todos los países de la región. Tiene un cuerpo docente analógico, cualificado, comprometido y bastante malherido. Tras el periodo especial, el cierre y posterior reapertura de las Escuelas Pedagógicas, y un salario inferior a 30 dólares/mes (1 aguacate cuesta 1 dólar en Cuba), existe un grave problema para consolidar y atraer a la carrera docente a la juventud de la isla, especialmente en zonas de turismo donde cualquier alternativa como cuentapropista o trabajador/a en el empleo sumergido es mucho más atractiva.

Es un país paradójico donde todo en la educación (y todo en casi todo) está regulado y procedimentado pero casi nada funciona, y no precisamente porque las personas no quieran: suministros, autorizaciones que nunca llegan o requisitos inviables hacen imposible poner en práctica unas normas y actividades, en muchas ocasiones razonablemente diseñadas. Un país donde desaduanar un envío de equipamiento puede llevar meses. Un país donde no existen suministros de casi nada. Un país donde movilizar un kilo de cemento debía planificarse con un año de antelación. Un país aislado con una ciudadanía en lucha continua por conocer. Un país con un inmenso nivel de creatividad, donde en las aulas no hay nada o casi nada, que no es lo mismo pero es igual (perdonadme por el plagio). Es difícil hablar de todo esto sin hacer una aproximación política, pero permitidme que hoy no la haga.

Programa de mejora de la calidad en la educación primaria en Cuba

Durante todo aquel mes de octubre pude comprobar cómo la cooperación española había desplegado un ambicioso proyecto, con un férreo control por parte del Ministerio de Educación, con el que se había logrado alcanzar un nivel de colaboración y compromiso con la educación que me parece muy notable dadas las circunstancias. Y me refiero a los dos. Ya veis, en mi trabajo nada es blanco ni negro.

Alejarme de España para observar la educación en otros lugares me ayuda a oxigenarme y, casi sin querer, encontrar realidades no tan distintas de las nuestras, para bien o para mal. Así, encontré un proyecto con un componente muy fuerte de capacitación de docentes, diseñado como un itinerario planificado, evaluado y centrado en la mejora de la competencia profesional metodológica. Nada que ver con encargar cursos de formación dispersos, descontextualizados, atropellados, en tiempos muertos del docente, a duras penas… En esos proyectos formativos participaron de forma central los principales metodólogos y metodólogas de la isla en la didáctica de primaria, bajando al barro y trabajando codo con codo con el profesorado en el aula. Eso provocó que los equipos docentes, tras años de abandono, mostraran un nivel de participación, compromiso y proactividad como nunca he visto.

¿Y si pienso en España?

Estas dos realidades que encontré me hicieron pensar si aquí en España también deberíamos reflexionar sobre nuestros proyectos de desarrollo de los equipos docentes.

Por otro lado, un proyecto que adquirió equipamientos en muchas ocasiones sensatos pero en otras también incomprensibles, más producto de la escasez y de sentirse deslumbrados por tener en las aulas medios prefabricados, con mucho colorín, con mucho plástico, que necesitan muchas pilas…Hasta que nos damos cuenta de que en la isla no hay pilas, no hay baterías ni tampoco dinero para adquirirlas si fueran accesibles. De igual modo, esto me hizo pensar en nuestros centros, y en si la adquisición de equipamiento didáctico y tecnológico se realiza de forma planificada, alineada con la estrategia y proyecto del centro, sin acudir a modas, sin basarse en la dictadura de la informática, sin comprar para ponerlo en el folleto del centro, incluyendo el entrenamiento imprescindible previo de los docentes…

Todos estas reflexiones fueron apareciendo a lo largo de aquellos días, con la sensación final de que todas aquellas personas que habían participado, desde la primera funcionaria del ministerio hasta el último docente de escuela rural habían vibrado con el proyecto, les había transformado. Sinceramente, creo que aquí también tenemos a las personas adecuadas, con pasión y compromiso: en la docencia, en la dirección escolar, en las familias, en la administración… pero también creo que hace falta insuflar una buena dosis de ayuda y energía que haga volver a vibrar a todas aquellas personas que han podido caer en el desánimo o el hastío. Es sólo mi opinión: sesgada y parcial como todas.

Nada en todas estas visiones que os he descrito quiere resultar dañino. Más bien espero que sean buenas herramientas para estimular a esta familia que formamos en Possible hacia la reflexión, la autocrítica y la necesidad de mejorar nuestro trabajo y la realidad a la que nos enfrentamos. Si además sirven a los lectores para el mismo fin, mi satisfacción será doble.

Nos volveremos a leer.

Miguel M. Galbis

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marzo 6th, 2019

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