El hecho de que las TIC  han invadido nuestra sociedad, vidas y por ende, nuestro sistema educativo, no es ningún secreto. Vivimos en lo que, como veremos más adelante, algunos llaman la tercera revolución industrial. Así pues, la educación, que ya habitualmente afronta múltiples retos como el de dar respuesta a los cambios sociales, económicos y culturales, se ve doblemente retada por la sociedad del conocimiento que hace que esos cambios sean más profundos.

Las TIC plantean en nuestro sistema educativo una transformación obligatoria dado el cambio de la sociedad y los problemas a solucionar, como la brecha digital entre aquellos que han adoptado estas TIC y los que, por diferentes razones económicas, sociales o demográficas, se han quedado atrás en esta revolución. La solución de estos problemas planteados viene condicionada por las competencias tecnológicas que los profesores tienen que adquirir para la formación de los futuros ciudadanos. Futuros ciudadanos que van a vivir en una sociedad del conocimiento aún más tecnologizada si cabe que la nuestra.

La revoluciones que nos precedieron en la Historia cambiaron el mundo, transformando la vida, las costumbres, parte de la cultura y también la conciencia de los individuos. La revolución tecnológica que nos adentró, en el siglo XXI, en la Era Digital no es sino el comienzo de un vertiginoso camino. A diferencia del resto, en esta ocasión, la percepción del cambio supera las posibilidades de comprensión del ser humano, pues el modelo de comunicación global posibilitado por internet ha disparado el uso tecnológico en entornos completamente nuevos para nosotros. Antes, la innovación cambiaba el mundo en el que vivíamos. Ahora, el mundo ha empezado a soportar la existencia de dimensiones virtuales alternativas.

Todo esto me hace reflexionar sobre conceptos como las TAC (tecnologías del aprendizaje y el conocimiento), innovación educativa, educación inclusiva y ética. Cierto es que por características, formación, historia o incluso presupuesto del centro, no podemos exigir a los profesores y profesoras que vayan todos a la misma velocidad para adaptarse a la Era Digital donde esos futuros ciudadanos de los que hablaba antes han de educarse. De hecho la palabra exigir está mal utilizada ya que la adaptación a esta realidad no es algo “obligatorio”. Pero si lo vemos desde el punto de vista de la ética, es posible que no esté tan desencaminado. Richard Stallman (no precisamente santo de mi devoción) afirma que la labor de la escuela es el formar a ciudadanos de la sociedad del futuro y no enseñar a leer, escribir y contar, tiene en mi opinión toda la razón. Y es aquí donde la ética entra en juego. Deberíamos ser capaces como docentes de actualizar nuestra forma de enseñar y nuestros modos de hacerlo para formar a estos ciudadanos del futuro. Esto tiene todo que ver con la inclusión. Desde la óptica de la discapacidad, la inclusión y las necesidades educativas especiales, estamos más que acostrumbrados a tender puentes para saltar y acortar las brechas entre la sociedad y quien lo necesita. Siempre me pregunto porque no se tiene la misma óptica en una escuela promedio. O en una super escuela. O en la escuela del barrio. O en la escuela perdida en un pueblo. La tecnología, y creo que estudios científicos avalados por las mejores universidades y grupos de investigación lo confirman, tiende puentes. Nos ayuda a resolver diferencias. Utilicémosla pues para eso y no para abrir brechas.

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diciembre 31st, 2018

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